JUAN DE DIOS FILIBERTO

juandediosfilibertoNació con el nombre de Oscar Juan de Dios Filiberti, en una casa sencilla ubicada en Necochea al 200, en el barrio de La Boca habitado predominantemente por inmigrantes italianos, mayoritariamente genoveses, de la Ciudad de Buenos Aires el 8 de marzo de 1885], en momentos en se desarrollaba la gran ola inmigratoria europea que influyó decisivamente en las características de la población argentina.
Desde 1932 se mantuvo residiendo en La Boca, en una casa ubicada en la calle Magallanes 1140, pintada en su frente por el pintor Benito Quinquela Martín, amigo personal de Filiberto.
Entre sus canciones se destaca Caminito (canción)| Caminito , con letra de Gabino Coria Peñaloza, uno de los tangos más famosos, pero los especialistas han considerado que Malevaje , con letra de Enrique Santos Discépolo es su mejor tango. «Juan de Dios Filiberto», Hágase la música . También son ampliamente conocidos tangos como El pañuelito , Quejas de bandoneón y Clavel del aire.

CAMINITO

Letra: Gabino Coria Peñaloza
Música: Juan de Dios Filiberto

juandedios5Caminito que el tiempo ha borrado
que juntos un día nos viste pasar,
he venido por ultima vez,
he venido a contarte mi mal.
Caminito que entonces estabas
bordeado de trébol y juncos en flor,
una sombra ya pronto serás,
una sombra lo mismo que yo.

Desde que se fue,
triste vivo yo;
caminito amigo,
yo también me voy.
Desde que se fue
nunca más volvió.
Seguiré sus pasos,
caminito, adiós.

Caminito que todas las tardes
feliz recorría cantando mi amor,
no le digas si vuelve a pasar
que mi llanto tu suelo regó.
Caminito cubierto de cardos,
la mano del tiempo tu huella borró;
yo a tu lado quisiera caer
y que el tiempo nos mate a los dos.

HISTORIA DE LA CANCION “CAMINITO”

Todo sucedió en 1902. El joven Peñaloza iba desde Chilecito para San Luis, cuando una gran tormenta lo dejo varado en Olta, pueblo que él conocía muy bien, ya que era el pueblo de su madre. Una tarde lo invitaron a la casa de una familia tradicional, en la misma estaba el piano. El joven poeta, le pide a la anfitriona que tocara el piano, le dijo que no, e invito a su amiga María, que era profesora de música, el contaba con 21 años, ella con dos menos, el flechazo fue fulminante.

Pero el romance quedo trunco, ya que ella se mudo a otra ciudad, llevada por su familia, pero ya había generado aquellos versos.

El tiempo paso, y en 1923, en un encuentro casual en plena calle Florida, Peñaloza conoce a Juan de Dios Filiberto, un hombre de la Boca dedicado a la música. Hombre estibador y mecánico en los talleres de la naviera Mihanovich, que justamente estaba en camino a su trabajo.

También conoció a Benito Quinquela Martin, que lo llamaba el “poeta loco” En los carnavales de 1926, se realizo el Concurso de Canciones Nativas del Corso Oficial de Buenos Aires, donde Filiberto reunió a 10 violines, cuatro voces y un armonio, estrenando “Caminito”. El público desaprobó el tema con silbidos. Tuvo que esperar unos meses, cuando Ignacio Corsini lo canto en una obra en el Teatro Cómico, convirtiéndose en un éxito rotundo. A través del tema, Quinquela y muchos vecinos, lograron que el caminito de La Boca fuera un museo abierto.

Historia de un poema, que sus letras dieron vuelta al mundo y han hecho popular a un lugar de La Boca.

EL PAÑUELITO

Letra: Juan De Dios Filiberto
Música: G. Coria Peñaloza

juandedios1El pañuelito blanco
que te ofrecí,
bordado con mi pelo
fué para tí
lo has despreciado
y en llanto empapado
lo tengo ante mí.

Con este pañuelo sufrió el corazón
con este pañuelo perdí una ilusión;
con este pañuelo llegó el día cruel
en que me dejaste gimiendo con el.

El fiel pañuelito conmigo quedó
El fiel pañuelito conmigo sufrió
El fiel pañuelito conmigo ha de ir
el día que acabe mi lento sufrir.

Este pañuelito fué
compañero del dolor
cuantas veces lo besé
por aquel perdido amor

Lejos cantaba un ave
mi dulce bien,
cuando me abandonaste
no se por quien
y hasta el pañuelo
rodó por el suelo
al ver tu desdén.

LA BOCA, CALLES EN TANGO

juandedios3Antes de adentrarnos en la figura del músico recorreremos el barrio y las calles que le vieron crecer en travesuras primero y en guapezas después. Barrio que le perteneció y al que perteneció… La Boca, que despertaba al tango cuando él despertaba a la vida, barrio que guardó su identidad a pesar de los cambios socio­económicos que alteraron su fisonomía.
Razones de estado perjudicaron la zona: no se permitió la entrada a buques de gran calado y el ingeniero Madero estableció como puerto principal el más cercano al centro (la actual zona que lleva su nombre).
En 1886, la Boca queda relegada a puerto fluvial, golpe económico irre­cuperable.

Canzoneta, Gris de ausencia

A partir de 1870 se produce un auge inmigratorio incentivado desde 1876 por la Ley Avellaneda (Inmigración y Colonización).
Doce millones de italianos llegaron a América. La mayoría de los arribados a nuestro país se afincó en la Boca, sobre todo los que procedían de Genova que trasladaron su «país xeneize». La mayor parte carbonarios, es decir con ideas liberales políticas y unificadoras con relación a Italia.
En 1895 la población de la Boca era de 38.000 habitantes: 17.000 argentinos, 14.000 italianos y el resto de otras nacionalidades.
Trabajaron en astilleros, barcos y crearon pequeñas industrias.
Indirectamente formaron gran parte del vocabulario lunfardo que constituyó un medio de expresión de los tangos. La palabra lunfardo proviene del italiano «lunfa» que significa ladrón reafirmando su asociación con la jerga carcelaria.

Imperio del Tango

juandedios4La Boca fue el barrio que recibió al Tango en sus comienzos bailables (fines del Siglo XIX) Cantinas, cafés de camareras, cafetines, bares y etcéteras escucharon sus melodías. Lugares frecuentados por compadritos, patoteros, proxenetas y hombres de avería.
En Suárez y Brandsen candombeaba la comunidad negra en el Café de los Negros al que se acercaban los criollos que llegaban por el «camino viejo» (actual Necochea) Siguiendo al poeta Enrique Cadícamo, nos encontramos en Suárez y Necochea, «la esquina del pecado» donde en 1877 se bailaba tango en lo de Tancredi. A principios del Siglo XX en «El Royal, en «La Popular», en «La Marina» (los más conocidos). De este rinconcito boquense, sólo para no alejarnos más rumbo a otras esquinas, surgieron los músicos que luego llegarían a los grandes «cabaret» y a los lugares selectos del centro porteño como así también al imaginado y pretendido París.
La Popular estaba regentado por una francesa:

«Una mujer fascinadora
cuyo nombre andaba como un mate
de boca en boca.
Estaba perdidamente enamorada
de Arólas, su músico,
y sentía unos celos apaches…
Pero Arólas tenia otra preocupación:
el misterio dramático de su
bandoneón»
«En Olavarría y Patricios había un café y en el café había un trío: bandoneón, violín y piano. El del violín era yo. (…) El pianista tocaba de oído,
el del bandoneón se floreaba a su gusto y yo repetía a mi manera lo que me habían enseñado en el conservatorio».
En «El Royal» surgió la insustituible figura de Francisco Canaro y en «La Marina», el bandoneonista, profesor Arturo Bernstein asombraba a la concurrencia con sus partituras que hacían su presentación en el atril.

Una vida boquense, comienzos

juandedios2Con el movimiento inmigratorio de fines del Siglo XIX desembarcaron los Filiberti, padres de Juan de Dios quien luego cambiaría su apellido convirtiendo la i final en o. Llegaron con su atado de pobreza y vivieron en Brandsen y Necochea donde papá Filiberti conocido como «Mascarilla» regenteaba un café y exhibía los pasos del tango que había incorporado junto con otras costumbres. Allí nació el músico un 8 de marzo de 1885, en el sector de los negros can­domberos. Este fue su entorno, cuando aún el tango carecía de letra, cuando el son melódico de sinuosos virajes se esparcía por ese mundo de orillas, pobre, dolorido y prohibido.
Juan de Dios cursó el colegio primario con los salesianos de San Juan Evangelista. Su conducta no se adecuó a las circunstancias estudiantiles y quedó fuera a los nueve años comenzando su vida de calle y trabajo. Aprendiz de confitero, lustrabotas, vendedor ambu­lante, cadete, auxiliar de escribanía, estibador, carrero… fueron sus primeros oficios.
A los 19 años, desde 1904 hasta 1910 trabaja en los talleres navales Mihanovich, astilleros del Riachuelo. Albores de su etapa organizada de vida, adhiere a la ideología anarquista y en 1907 festeja la tan anheladajornada de 8 horas de trabajo para este gremio, en la Vuelta de Rocha, escuchando el tañir de la campana que anunciaba esta conquista de los obreros de Construcciones Navales.
Un carpintero de este gremio, Héctor Polzinetti y un genovés, Bachicha, seudónimo de Juan Bautista, le dan lecciones de música. El maestro Torcuato Rodríguez Castro le enseña armonía..
Piaggio, director de la banda de la Sociedad Unión de la Boca, solfeo y violín. Ingresa al Conservatorio Piazzini-Statessi.
El maes{ro Alberto Williams le otorga una beca para aprender piano en su conservatorio con el profesor Argenziani; Eduardo Fornarini lo introduce en el contrapunto que Juan de Dios unió a la armonía aprendida para… dedicarse al TANGO!

Compositor

Dijo » El único gran factor para la música es tener sentimentalismo innato»,
«En arte hay que saber sentir y expresar; las técnicas son un medio no un fin»
del ritmo ciudadano y del pampeano, este último elemento de gran influencia porque formaba parte de su entorno suburbano en una ciudad – aldea que no se definía ni arriesgaba. En 1919, su gran creación de ayer y de hoy recreada por orquestas y bailarines: «Quejas de bandoneón» dedicado al bandoneonista Augusto P. Berto, autor de uno de los primeros diez tangos fundacionales: «La payanca»
A varios de sus tangos, Filiberto los consideró «canciones porteñas» y es en 1920 que comienza su extensa producción, rica en armonía y sensibilidad.
CARLOS GARDEL le grabó, entre otros, «Amigazo», «Cuando llora la milonga», «El Pañuelito», «Clavel del aire», «Langosta», «Malevaje», «Yo te bendigo», «Compañero», «Vuelta de Rocha» y el reconocido mundialmente «Caminito».
Este último tango fue grabado por Gardel con las guitarras de J.Ricardo y G. Barbieri, sistema acústico (1926) sello Odeón y más tarde en sistema eléctrico con el mismo acompañamiento y sello (1927). Pero, en escena, era el éxito sin precedentes de Ignacio Corsini, tanto que el mismo sello se lo hizo grabar el mismo año que a Gardel. Excepcional pieza de
En 1915, resentida la salud, su amigo y médico José Ingenieros, le aconsejó un viaje a Mendoza. Se quedó en Guayma-llén, región vitivinícola y compuso su primer tango que lleva ese nombre ya que consideró importante un título telúrico. Su obra, en general, tiene componentes de antología por el lucimiento de Corsini y sus guitarras entre las que figura la del negro Maciel. «Caminito» no conoció límites en su triunfo, con letra de Gabino Coria Peñalosa (riojano), recibió varios premios y en la actualidad tiene el reconocimiento de las miles de personas que visitan esa callecita de la Boca testigo de ese fragmento de la historia del tango.

Director de Orquesta

El CAFÉ TORTONI ha sido señorial testigo de los cambios producidos en el país desde el Siglo XIX. «La Peña», inaugurada el 25 de mayo de 1926, reunió a poetas, escritores, pintores, escultores y músicos entre los que se encontraba Filiberto, quien, junto a BENITO QUINQUELA MARTIN, hombre y pintor de cultura proletaria, realizaron en la Boca, lugar de pertenencia, una gran labor que trascendió los límites del barrio y los llevó al destino de los compro­metidos socialmente con «el otro» y «para el otro».
En 1932, Filiberto debuta con su Orquesta Porteña en la Bodega del CAFE TORTONI, tango: «Malevaje», interviniendo, asimismo, en la película sonora argentina: TANGO (1933). La Porteña se presentó con ese nombre hasta el año 1938 y luego se transformó en Orquesta Popular Municipal; su presentación fue el 2 de enero de 1939 y en 1948, siempre con la dirección de Filiberto, se creaba en su reemplazo la Orquesta de Música Popular del Estado, dependiente de la Secretaría de Educación de la Nación, la componían cuarenta profesores.
En las giras por el interior, llegó a convocar 15.000 personas como en la ciudad de Jujuy.
Su obra tiene como nutriente sus ideas traducidas en palabras:
«El hombre como la naturaleza debe derrochar mucha energía para producir una flor».
Recordamos al artista y sobre todo al hombre íntegro que compartió la sencilla existencia de la Boca y su gente laboriosa a la que entregó sus creaciones, su tiempo, su esfuerzo, sus ideales, es decir: su vida.

(Fuente: por Lydia Orsi)

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